«Predator»: ¿Y estos van a salvar la Tierra?

En 1987, John McTiernan nos hacía pasar un susto de muerte con «Predator», o la historia de varios mercenarios contratados por la CIA para rescatar a unos pilotos presos de la guerrilla en pleno meollo de la selva centroamericana liderados por Arnold Schwarzenegger. Todo pintaba muy bien hasta que, durante el viaje de regreso, comprueban cómo un ser misterioso e invisible va matándolos uno a uno. Para aquellos que sean de memoria endeble, darles aparte un par de datos claves: primero, el monstruo recordaba a un rastafari musculoso y, segundo, éste poseía una visión termográfica mortalmente infalible. Un sediento cazador alienígena al que le gustaba guardar sanguinolentos recuerdos de sus desgraciadas víctimas. Pues bien, hubo desde entonces a hoy hasta cuatro producciones nuevas protagonizadas por el cafre éste (incluso en un par de ellas se enfrentaba al mucho más glamuroso Alien en esos títulos del tipo «La momia contra Drácula»), pero ninguna pasó de resultar moderadamente simpática, cuando no del todo infumable. Ahora, sin embargo, la nueva entrega (que no «remake» ni nada raro por el estilo) parece que ha vuelto a encontrar el pulso, porque el filme realizado por Shane Black (la bruta y divertida «Kiss Kiss, Bang Bang», «Iron Man 3», «Dos buenos tipos») tiene su salero e intenta recuperar las esencias de la película primitiva, eso sí, con varios toques de humor añadidos al metraje. «Su idea del turismo es jodernos», suelta un personaje ya desde los primeros compases del filme, por ejemplo. O el gag del brazo amputado, que también se sale. La nueva historia: he aquí a los nuevos «Predators», más fuertes, más inteligentes, más mortales y con más mala leche que nunca, gracias sobre todo a que han sido mejorados genéticamente con el ADN de otras especies espaciales. Por desgracia, un niño con serios problemas encima desencadena el regreso a la Tierra de esta mala bestia a la que intentarán frenar un grupo de ex soldados mentalmente bastante perjudicados y una profesora de ciencias, imaginen. Las escenas de acción apabullante, salpicadas algunas que otras por ciertos toques gores, se suceden, así como los tributos a la cinta original (esa visión del Predator que no deja títere con cabeza; el tramo final, que se desarrolla en un bosque…), mientras que el espectador piensa que, cuando menos, está pasando un rato la mar de bruto y divertido aunque tampoco pase a los anales. Y con su liviana y previsible moraleja incluida: no hay peor Predator que cualquier ser humano. Por muy modernizado que ande ya el bicho.

Source: Cine

Fuente Original: «Predator»: ¿Y estos van a salvar la Tierra?

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