La eterna performance de Dora García

Dora García es artista de pocas palabras y muchos hechos. Para hablar ya están sus obras. El Museo Reina Sofía le ha abierto de par en par sus espacios. Ha llegado hasta la sala de bóvedas, escaleras abajo, en ese espacio de ladrillo visto que es como un útero artístico, tan cálido, tan oscuro al tiempo. Para Manuel Borja-Villel, director del centro y comisario de la muestra junto a Teresa Velázquez, ella no separa la ficción de la realidad en sus trabajos. Tan es así que a la entrada recibe al visitante una frase en caracteres dorados que advierte de que “Hay un agujero en lo real“. ¿No lo hay acaso? Dónde empieza la realidad y acaba la ficción? La pregunta del millón. “El relato y la narración son puntos clave en su trabajo, el hecho de que implique a dos personas, el hecho performativo en sí”, continúa el comisario. Se suceden perfomances y películas según se atraviesan las salas. “Procurad no pisar lo pintado en blanco en el suelo”, advierte la artista al tiempo que dos jóvenes, uno sentado y otro de pie protagonizan una de las obras. “La exposición se va haciendo con las perfomances”, subraya el director. Y se irán sucediendo. En alguna de ellas el público puede participar como en “El artista sin obra”.

Y es la comisaria quien toma la palabra y habla de las relaciones, que son habituales en su obra, entre la literatura y el arte. Lacan, omnipresente, Artaud (“coincide con su interés por lo marginal, por la vivencia desplazada”, asegura Velázquez), Joyce, eternamente en cada rincón de quien aprehende la noción de circularidad. Y Kafka. “No hay una obra sino un todo, una voz coral y polifónica que tiene que ver con las historias heterogéneas que se mezclan”, señala la comisaria.

“Segunda vez” es el título de esta muestra, y toma su nombre del relato homónimo de Julio Cortázar y de uno de los proyectos más recientes de García, un conjunto de cortos en los que está presente la figura del intelectual argentino Óscar Massota, un hilo conductor en este universo tan personal. Aquí se muestra obra desde finales de los 90 hasta hoy, incluyendo piezas recientes entre perfomances, películas, vinilos y textos. Y se da paso a sus referentes intelectuales de los que se nutre su hacer. Quien pretenda recorrerla en media hora, mejor que lo deje para otro día, pues lleva su tiempo. Es necesario degustarla para poder aproximarse a su epidermis. Ella misma nos decía días atrás sobre la dificultad de entender su obras que no es tal: “Si no la comprenden es porque buscan una cosa que no está. A mi me parece muy sencillo lo que hago. Además están las presentaciones, las visitas guiadas, los folletos. No entiendo que me puedan decir que soy difícil”, y comenta que el público más joven es el más abierto y el más permeable a su arte. “No hay mucho que entender”, remacha. Dora García nació en Valladolid en 1965. Su trayectoria es larga y está jalonada por algunos hitos como representar a España en la Bienal de Venecia en 2015. Le preguntamos i lo volvería a hacer y es el único momento de nuestra conversación en que rompe a reír de una manera contagiosa. Suelta un eterno “nooooooo”. Y aclara: “Si naciera otra vez lo haría, pero no se sobrevive dos veces”. Para que nadie se llame a engaño.

Source: Cultural

Fuente Original: La eterna performance de Dora García

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