Jason Matthews, palabra de espía

La Guerra Fría acabó en 1989, pero con la espiocracia de Putin las cosas han vuelto a un punto de ebullición similar. Así lo expresa Jason Matthews en «Gorrión rojo»: «Antes los informantes se reclutaban por razones ideológicas. Ahora todo es una charada». Quiere decir que la ideología es secundaria frente al dinero para los informantes occidentales, mientras que los dobles espías rusos se mantienen ligados al sueño de una Rusia democrática plena: «Siento decirle que el final de la Guerra Fría no ha disminuido las inclinaciones de nuestros líderes a hacer fechorías –confiesa el doble espía ruso Marble–. En muchos aspectos los antiguos soviéticos eran más fáciles de entender».

En esta constatación entre melancólica y pragmática se encuentra el acierto de esta novela río de espías posmodernos, aquéllos que han dejado atrás los conflictos ideológicos y morales de las novelas de John Le Carré y han devuelto la novela de espías al lugar del conflicto: el espionaje y contraespionaje militar y comercial entre dos potencias gobernadas por un presidente que dirige los servicios del KGB y otro que le sigue a la zaga, incapaz de controlar a la CIA.

Treinta años en la CIA

Matthews trabajó 30 años en la CIA y realizó operaciones de reclutamiento contra objetivos soviéticos en Europa del Este. Lo prueba su conocimiento del idioma y los servicios de inteligencia rusos; la planificación y reclutamiento de confidentes y la educación y control para mantenerlos y promocionarlos en sus carreras profesionales y políticas, tanto dentro del KGB como del Senado y la CIA.

La información que aporta de ambos bandos Jason Matthews en «Gorrión rojo» es extraordinaria comparada con la narrativa precedente, cuando los dos bloques hegemónicos oponían la democracia liberal a la dictadura del proletariado. El autor toma como espejo aquella dicotomía y la actualiza aportando su conocimiento.

Con una galería de personajes creíbles, dentro de las limitaciones del «best-seller», consigue una novela repleta de conflictos en espejo que amplían el campo acotado por Ian Fleming y Le Carré. Reflexiona sobre un mundo dominado por la paranoia del espionaje y la monitorización de las nuevas tecnologías. Matthews devuelve el realismo a la novela de intriga internacional y retrata a los espías como seres duales en perpetuo conflicto, ajenos a la amnesia de Bourne, provocada por la psicosis de la Guerra Fría. Nada que ver con el bodrio cinematográfico interpretado por esa cariátide llamada Jennifer Lawrence. En el filme, nada queda de la fascinación por Rusia. Apenas es un trailer sensacionalista de la novela. Abusa de la perversidad de los espías rusos, exceptuando Dominika y Marble, tan íntegros como altruistas, confrontados con los pragmáticos norteamericanos y los sádicos rusos, cuya maldad es un cliché tan zafio como la bondad de los espías norteamericanos. Sin embargo, hay algo nuevo en «Gorrión rojo»: nadie sale bien parado en esta novedosa intriga de espías dobles.

Sobre el autor

Ha conseguido pasar al cine en una espantosa película a mayor gloria de esa mala actriz que es Jennifer Lawrence. La saga de Dominika y Nat ya tiene continuación.

Ideal para…

los lectores de novelas de espías que huyen de los caminos trillados.

Un defecto

Las 100 primeras páginas piden un editor que las resuma hasta dejarlas reducidas a una dimensión adecuada.

Una virtud

El conocimiento que demuestra de la espiocracia de Putin y los servicios secretos rusos.

Puntuación

8

Source: Libros

Fuente Original: Jason Matthews, palabra de espía

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Author: admin

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