Formentor, la inspiración del agua salada

Desde el pie de las escaleras de piedra, con el mar cristalino a la espalda, se distinguen perfectamente las buganvillas centenarias que trepan por las paredes blancas del Hotel Formentor de Mallorca. “Tendrían que verlo desde el agua”, dice Antonio Bauza, director de marketing del Grupo Barceló, como si la vista no quitara ya el aliento. Y es que a este emblemático hotel empotrado en la montaña le llaman también “la línea blanca” por como luce desde el Mediterráneo.

Así lo observaron, entre otros, Grace Kelly y el príncipe Rainiero de Mónaco, que pasaron allí parte de su luna de miel. Se trata de tan solo una de las visitas célebres que ha tenido este establecimiento, fundado en 1929 por el millonario argentino Adan Diehl, que llegó allí también por barco y se enamoró inmediatamente del lugar, por entonces completamente virgen.

Algo parecido le sucedió a Maxim Huerta. Fue a pasar un par de noches al hotel tras una ruptura amorosa que le dejó con un espacio vacío en la cama y rápidamente se dio cuenta de que de ahí saldría una novela. Asegura que comenzó a apuntar las ideas -alguna frase escuchada de pasada, una escena vivida de segunda mano a la hora de la cena- en la parte de atrás de los posavasos o en cualquier trozo de papel. “Hasta caminaba contando el número de escalones”, dice, en referencia a la imponente escalera que baja al mar.

Tres años después presenta “Firmamento”, una historia de amor que reflexiona también sobre los recuerdos, las mentiras que todos nos contamos y el poder curativo del mar. El agua salada es, según asegura “uno de los fetiches que siempre aparecen en mis novelas, como las buganvillas”. En esta, el mar pone, además, el ritmo: “Buscaba un tempo como el de ‘Bonjour Tristesse’: de verano, de letargo”, afirma Huerta sobre su séptima novela.

El periodista no es el primero en encontrar inspiración en este refugio, en el que la mirada no sabe si perderse en los azules del Mediterráneo o en los tonos imposibles de las flores del jardín. Mario Vargas Llosa, por ejemplo, escribió allí parte de “Pantaleón y las visitadoras”, y es un huésped asiduo desde los años sesenta. Jane Birkin, que grabó “Muerte bajo el sol” en la isla, además de Joan Fontaine y Lucía Bosé, junto con sus hijos Miguel y Lucía, se hospedaron también en Formentor durante sus años dorados.

Hoy, el hotel mantiene el aire de glamour de entonces en la mesa de billar en la que jugaba Winston Churchill, el piano de cola con el que se amenizan las cenas, el cine con butacas antiguas para las noches de lluvia y los muebles “vintage” que decoran las habitaciones.

Source: Libros

Fuente Original: Formentor, la inspiración del agua salada

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Author: admin

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