Bayona, un dinosaurio viene a vernos

Vayamos a los años 80, varias edades geológicas después de la desaparición de los dinosaurios y una década antes de que, por gracia de los hermanos Méliès, Steven Spielberg los reviviera. Acerquémonos al humilde barrio de la Trinitat Vella, en la Barcelona preolímpica, la del pujolismo incipiente. Un matrimonio charnego, con orígenes andaluces, brega para sacar adelante a cuatro hijos: dos chicas y un par de gemelos. La madre trabaja de costurera y el padre como pintor de construcción. Son tiempos hostiles, en los que los hobbies jamás pueden ser una profesión, así que Juan Antonio, que tiene aspiraciones artísticas, se desquita pintando carteles de cine. Así es como su hijo, del mismo nombre, descubre cómo se genera la magia en 35 mm. En 1978, con «Superman» tendrá su primera revelación en una sala de cine. El pequeño dibuja figuras en las esquinas de los cuadernos y los pone en movimiento pasando rápidamente las hojas. El cine pasa a ser su obsesión y, ya adolescente, hace pequeños trabajillos para ir llenando el «cerdito» de cara a entrar en la Escuela Superior de Cine y Audiovisual de Cataluña (Escac). Sus padres hacen un esfuerzo extra.

«Son mis héroes porque entendieron que en la formación de sus hijos estaba su futuro», diría tiempo después Bayona.

Con 19 años, ya en la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales (Escac) todos lo conocen como Jota. Un día pasa por ahí un director emergente, pujante, el mexicano Guillermo del Toro. Acaba de rodar «Cronos» y, en 2007 le dará a este catalán su oportunidad de saltar ahí afuera produciendo «El orfanato». Mientras (estamos en 1993 y aún ni siquiera ha rodado los videoclips de OBK que dan inicio a su carrera), el joven asiste en el cine a un hito: «Parque Jurásico», de Spielberg, lo arrebata. «Como mucha gente de mi generación me quedé maravillado. Las criaturas que habitaron nuestro planeta hace millones de años tenían algo absolutamente cautivador, y la idea de traerlas a la vida después de su extinción me parece fascinante. Es un concepto genial y muy entretenido para una saga. La primera vez que vi al Brachiosaurus en una pantalla, decidí que cualquier cosa era posible».

Así, 25 años después –y puesto que nada es imposible no solo en el cine sino en la vida de este chico de barrio–, Bayona estrena «Jurassic World II: El reino caído», la cinta que le ha permitido trabajar codo con codo con Spielberg, productor y creador de la saga jurásica. Han sido 260 millones invertidos en un producto que tiene el listón muy alto, ya que la anterior entrega de «Jurassic World» logró colarse en el top 5 de cintas más taquilleras de la historia. Nunca antes un español ha dispuesto de tanto dinero para hacer lo que el pequeño Bayona ya hacía con un cuaderno y unos dibujos: generar la ilusión del cine. Pero, ¿qué aporta «El reino caído» a una franquicia que suma ya su quinto título? ¿Qué va a encontrar de novedoso un fan (o no) de la saga?

Menos aventura y más terror

Para empezar, el «toque Bayona». Aunque este tipo de cine industrial se mueve en unos márgenes de improvisación y autoría mucho menores, la mano, los temas, las obsesiones del catalán son reconocibles, especialmente en el tono: menos aventura y más terror o suspense, además de una atmósfera gótica que los amantes de «El orfanato» o «Un monstruo viene a verme» encontrarán sugestivo y que, desde luego, aportan una novedad a la saga. Bayona (y el guionista Colin Trevorrow, por supuesto) hasta se ha desmarcado con un cruce improbable entre dinosaurios y mansiones decimonónicas. La infancia (ya sea a través de una niña o una T. rex), otro de los temas del cineasta, también está presente. Para Spielberg, «Bayona es un cineasta de verdad, con una voz realmente propia que le permitió apropiarse de esta entrega. Fue una gran suerte que aceptara participar. Ha conseguido algo fuera de serie». Y es que, Jota ha demostrado personalidad para sumarse al carro del «blockbuster»: antes de decir sí a «Jurassic World» había rechazado ofertas de franquicias como «Crepúsculo» y «Guerra Mundial Z».

A nivel argumental, esta entrega viene con una sorpresa notable: la destrucción de la Isla Nuba. Un volcán amenaza con acabar con este reducto en el que viven a su aire los animales prehistóricos tras el abandono del parque temático que los agrupaba. La cinta se articula alrededor de la salvación (en medio de una serie de dilemas morales) de los especímenes y su salida de la isla. Sacarlos de allí será el cometido de, entre otros, Owen (Chris Pratt) y Claire (Bryce Dallas Howard), que repiten sus papeles y cuya química (o directamente tensión sexual) corre paralela a las aventuras que tiene que correr. El equipo pensó en todo momento en una dinámica similar a la de Humphrey Bogart y Katherine Hepburn en «La reina de África», personalidades que van confluyendo y atrayéndose.

Fundamental para los seguidores del mundo jurásico es la inclusión de toda una galería de criaturas, la más amplia hasta la fecha. Dinosaurios de todo tipo, edad y condición. Malos y buenos. Desde el Baryonyx al Carnotuarus y el Stygimoloch, esta película cuenta con más dinosaurios que nunca. Por supuesto están los clásicos y queridos velociraptors y T.rex. Entre estos últimos se encuentra Blue, una vieja conocida de los fans. Criada por Owen en el anterior filme, volvemos a encontrarla ahora, perdida entre el ajetreo de una isla al borde de la desaparición bajo la lava. Pero la gran incorporación es un antihéroe jurásico como el Indoraptor, nacido de la manipulación genética y orientado hacia el mal. Nuevamente la alianza entre la animatrónica más refinada y los efectos especiales más punteros posibilita toda esta galería de animales quiméricos que interactúan con el hombre, tanto que se abre la veda a un futuro en que criaturas y humanos convivan en un mismo espacio. Pero esa será otra historia.

Source: Cine

Fuente Original: Bayona, un dinosaurio viene a vernos

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Author: admin

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